Hago memoria
de la última vez que me senté a escribir.

Algo sobre la tristeza implícita
en la música que tengo por costumbre escuchar,

sobre la fuerza destructiva que esconde
un simple comentario al sugerir
que la gente feliz
no escucha cosas así.

Contemplo el paisaje que estreno
de ser eso cierto

la sensación de no haber sido nunca

de desconocer por completo.

La magnitud de la tragedia
de no haber sido capaz de observar
la abismal diferencia entre ser alegre
y ser feliz.

Algo se mueve en mí al pensar esto
algo que he tocado y está vivo

releo esto.