A la parte de nosotros mismos que puede no hacer nada, la única que de vez en cuando para, que dice que sueña y luego despierta; a la parte más pequeña, que ni siquiera existe, que cree que vive y que lo hace desde dentro pero que sea lo que sea está separada del resto, por un velo imaginario, invisible, risible, la llamamos yo y nos confundimos del todo.

OIL & STEEL

Mi padre vivía en un mausoleo de platos sucios
mirando un televisor portátil en blanco y negro
y leyendo la enciclopedia Britannica
que anteponía a la ficción moderna.
Sus Schnauzer murieron, uno tras otro
afectados por un mal hepático;
todos menos el que custodió su cadáver
que encontraron sosteniendo un vaso de Bushmills.
“Lo muerto, muerto está”, diría él, el anti-predicador.
Me llevé una camisa a cuadros de su armario
y algo de aceite de motor: mi herencia.
Una vez lo vi llorando en un juzgado;
desaliñado, falto de cuidados; ese hombre que nunca
me mostró mucho afecto, pero que me dio una cierta maña
para con la soledad que me ha resultado más bien útil.

Aceite y acero, de Henri Cole