AGAIN IS THE FIRST TIME

Es posible tenerlo todo,
como buscar una melodía en la música.
Estoy paseando, no sé cómo, por Patton
y Walnut, y no sé cómo ahí está–
el temblor primordial, pillando un tufillo
a magnitud por una calle lateral:
un sol y un aire de cierta calidad, o el hermanamiento
de dos hojas secas en la acera tal que así.
Al girar, me cruzo con una mujer con jersey de cuello vuelto,
un perro atado a un banco y me topo
con el hombre que me debe veinte dólares.
Es posible tenerlo todo, o al menos
veinte dólares, que es también todo
cuando me lo gasto en un Death in the Afternoon
para mi mujer y para mí, el champán
y la absenta mezclados para formar una especie de nube.
Como cuando caminaba por la calle Delambre, de noche,
floreciendo hacia adentro como un crisantemo
para ver un poco del Sena, y pensé
por una vez, seguro que ya es suficiente. Llegar
tan tarde y seguir siendo el primero. Como si el cuerpo
dijera, otra vez por vez primera. Lo que
está en todas partes se ofrece a sí mismo, de nuevo, a sí mismo.

“Otra vez por vez primera” de Brian Sneeden